Le cochon de Gaza (When Pigs Have Wings), Francia 2011

No se puede pedir una mayor amplitud de miras para esta película rodada en Malta, en árabe y hebreo, por un director uruguayo, Sylvain Estibal, interpretado por excelente actor, israelita de origen iraquí, Sasson Gabay, una impagable actriz tunecina, nacida en Italia, Myriam Tekaïa y cinco cerdos de diversos orígenes, sobre la situación absurda de dos países divididos por una muralla, Israel y Palestina.

Alejado de todo posicionamiento, el director ha querido ante todo retratar el surrealismo de este conflicto mediante una comedia llena de situaciones brillantes, personajes burlescos y escenas gloriosas, sin olvidar incluir la dosis justa de ironía y ternura. En resumen, una película que se disfruta entera, como ocurre con el cerdo, del que se aprovecha todo.

Jaffar es un pescador palestino que no suele tener mucha suerte con sus redes. De vez en cuando, algún pez microscópico que no despierta la admiración en el mercado y, sobre todo, miles de latas de conservas y botellas de plástico pescadas todos los días. Además, por si su mala suerte no fuera ya suficiente, dos soldados de Israel utilizan la terraza de su casa como puesto de observación contra posibles atentados.

Pero un mañana cae en sus redes un hermoso cerdo (para gustos están los colores pero el gorrino tiene una pinta estupenda) y con él comienzan sus problemas. Este animal es, quizás, lo que más una a israelitas y palestinos. Ambos pueblos detestan a este pobre animal y ni siquiera está permitido que sus pezuñas toquen su suelo patrio.

Por consiguiente, Jaffar tendrá que ingeniárselas primero para conservar al animal en su barca y encontrar a alguien para deshacerse de él. Y en su búsqueda heroica de “hay que vender al cerdo Charlotte” (en la realidad se trata de una cerdita al estilo “Peggy glamour”) descubrirá que hasta puede conseguir un dinerito que no le vendría nada mal: unos vecinos suyos judíos crían cerdos sobre tarimas para que no pisen el suelo (anécdota basada en la realidad).

Esta película, repleta de respeto hacia las dos comunidades, que encadena las desventuras de este pobre Jaffar (por momentos próximo a una versión actualizada del personaje de Charlot, un inocente corderito en medio de una manada de lobos) deja una sabrosa visión de un momento de intenso cine y un jugoso sabor de boca similar a unas lonchas de un buen jabugo. Ellos se lo pierden.

Espero ansioso conocer cómo se traducirá en español. Mi preferencia se inclina más por el título en inglés “Cuando los cerdos tengan alas”, o sea, nuestro castizo “cuando las vacas vuelen” pero, en esta ocasión, la lengua de Shakespeare ilustra mejor el contenido del film porque este cerdo es como una paloma de la paz, eso sí más pesada que de costumbre, pero, al fin y al cabo, paloma de la paz.

Los gigantes (Les géants), Bélgica 2011

¡Lo que cambian los cuentos con el tiempo! La persecución de los tres cerditos por el lobo feroz hoy resulta tan terrible como un episodio de La casa de la pradera. Pero todo es cuestión de perspectiva y Bouli Lanners, excelente actor en Mammuth y mejor director en Eldorado, se ha empeñado en actualizar uno de los cuentos que más miedo nos daba cuando éramos pequeñitos.

Su segunda película, rodada en Cinemascope como en los viejos tiempos (la primera rodada en este formato fue La túnica sagrada en 1953), permite disfrutar de unas imágenes sublimes de un paisaje alucinante y protagonista de este film, con un río que cautiva y, al mismo tiempo, estremece.

Dos hermanos, 14 y 13 añitos, pasan sus vacaciones en la casa de sus abuelos, su madre les deja el dinero suficiente y desaparece sin más, conformándose con alguna que otra llamada por teléfono. Acompañados de un vecino vivirán la mayor aventura de su vida: un verano en libertad y lleno de peligros.

Sobre todo, por el ambiente de este lugar indeterminado, en medio de la nada de los bosques belgas, habitado por una serie de personajes muy cercanos a los inquietantes protagonistas de Defensa -Deliverance, 1972- (una de las películas más impresionantes de la historia del cine). Aquí no hay nadie que toque el banjo pero, por lo menos, podrán contar con la ayuda de una mujer que aparece de la nada como en La noche del cazador.

Aquí no hay una casa de paja sino algo peor y mucho más divertido. Como los tiempos también han cambiado mucho, estos casi adolescentes, entre sus conversaciones hilarantes sobre el sexo, que se ve que conocen tanto como la geografía del sur de Laponia, y algún que otro porro, deciden alquilar la casa de sus abuelos al traficante de droga local y sus problemas comienzan a agravarse seriamente.

Una odisea maravillosa, una entrada en la edad adulta por la puerta grande, un sentido del ritmo y de la poesía visual en cada milímetro de película y la tremenda humanidad de estos tres excelentes jovencísimos actores (Paul Bartel, Zacharie Chasseriaud y Martin Nissen) consiguen que este cuento actualizado se grabe en la retina de los espectadores y que todos queramos saber más de estos jóvenes cuando finaliza la película. Dos premios en la edición de Cannes de este año me parecen poco.

El hada (La Fée), Bélgica 2011

Un enorme placer se desprende al ver el último trabajo de este trio infernal formado por Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy. Tercera película, tras L’Iceberg y Rumba, de este trio, compuesto por una belga, un francés y un australiano (parece un chiste), surrealista e imaginativo que prosigue con esta nueva entrega las aventuras de los personajes de Dom y Fiona, creados en su primera incursión en la gran pantalla.

La comedia burlesca nació con los primeros días del cine. Las andanzas de sus protagonistas, generalmente solitarios, vagabundos, al margen de la sociedad pero con un enorme corazón, conquistaron al público desde su aparición y permitieron a sus actores convertirse en las primeras estrellas internacionales.

Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, los tres maestros del género, abrieron el camino a un sinfín de imitadores, con mayor o menor inspiración, hasta hoy, con un pico de calidad en el fabuloso actor Jacques Tati. Sus gags de persecuciones, tropiezos, meteduras de pata, equivocaciones, trompazos y sentimentalismo fueron perdiendo, poco a poco, público, pero aún conservan fieles seguidores y la comedia actual no oculta su poderosa influencia.

Sin embargo, el burlesco puro es tan complicado de obtener que sólo una alta concentración de creatividad y energía conduce a un buen resultado sin pasar por el ridículo. Esta película es un excelente ejemplo de un inagotable baúl repleto de gags, situaciones y diálogos dignos de la época dorada del género.

El típico cuento del hada que concede tres deseos se convierte en manos de estos alocados belgas en un regalo para la vista. Actualización obligatoria para adaptarlo al gusto del siglo XXI, el castillo se convierte en un hotel de Le Havre (ciudad últimamente muy de moda en las pantallas, Tournéeo el último film de Aki Kaurismäki), el príncipe es el portero de noche, el reino la barra de un bar, el caballo una bicicleta…

El ritmo se acelera y de las sonrisas iniciales se pasa a la carcajada general al final de la película. Los actores están increíbles en este film tan visual: expresivos al límite y capaces de implicarse en una actuación, por momentos, extraordinariamente física. Un embarazo instantáneo, un camarero miope, un coro femenino de jugadoras de hockey, un bebé a punto de desplomarse del rótulo del hotel o la persecución más lenta de la historia del cine son momentos gloriosos para los espectadores que aprecian la poesía surrealista e imprevisible de la existencia humana y sus tribulaciones.

Crazy, Stupid, Love, EE.UU. 2011

Bienvenidos a la mejor comedia romántica del año, firmada por Glenn Ficarra y John Requa, directores de la única película interesante protagonizada por Jim Carrey en los últimos años, Phillip Morris, te quiero (2009). Ambos tuvieron enormes problemas para financiar y estrenar su primer film en EE.UU. pero se han tomado una revancha digna de tal nombre. La película ha sido un éxito de crítica y público, y si la Academia aparta su recurrente fobia a las comedias, puede convertirse en la sorpresa de las nominaciones a los Oscar 2012.

Una comedia que se aleja del lado escatológico, recurso habitual de los últimos productos destinados más a un público adolescente, para adentrarse en el ámbito adulto de las salas de cine. Un casting alucinante en que Julianne Moore y Steve Carrel, en matrimonio cuarentón con problemas sentimentales, bordan sus papeles rodeados de un conjunto de perfectos secundarios (Emma Stone, Kevin Bacon y Analeigh Tipton -en un primer papel de canguro que por su delicadeza y presencia, promete y mucho…).

Marisa Tomei ha sabido engalanar su rol de profesora con un toque de locura, tan acorde con el personaje, que puede que roce la nominación a mejor actriz secundaria, si no cae literalmente dentro.

Mención aparte merece Ryan Gosling. Alejado por primera vez de sus interpretaciones en el género que más ha frecuentado, el drama indie, muestra su lado “bad boy canalla con encanto” y el público mayoritario, por fin, descubre el nacimiento de un nuevo galán, que se mueve tan a gusto en la comedia como en el drama.

A este chico lo vamos a tener en pantalla todo el tiempo, próximamente en Drive y después en la próxima película de George Clooney. Este, sin duda, será su año como ya avanzamos en otra de sus películas pendiente de estreno, Blue Valentine.

Basada en la típica situación de la crisis de los cuarenta, por una vez desde la óptica de la mujer, este matrimonio atraviesa un momento difícil. Steve encuentra en Ryan un modelo para adaptarse a los nuevos tiempos. Una época basada en el consumo, las relaciones sin contenido y lo más breves posibles encarnada a la perfección por Ryan Gosling. Pero todo cansa…

Partiendo de esta historia tan banal los directores consiguen escenas irresistibles, un ritmo perfecto y tienen el buen gusto de obsequiarnos con un final alejado de los habituales cánones del cine americano. Una excelente comedia romántica, inteligente y muy divertida.

Submarine, Reino Unido 2010

La ópera prima del director Richard Ayoade es una de las películas que más se ha paseado por la selección oficial de los festivales internacionales: Sundance, Toronto, Berlin y Londres. Y con el debido mérito: el film es irónicamente británico, pop hasta la médula (los fundidos, en vez de en negro, son en azul o en rojo), los personajes inusuales, las referencias estilísticas a las técnicas de la nouvelle vague (la omnipresente narración que acompaña a los protagonistas), la fotografía inspirada en los trabajos de Néstor Almendros y la solidez de una buena historia, basada en la novela del mismo título, de Joe Dunthorne.

El protagonista Oliver Tate, interpretado por Craig Roberts, es un adolescente de 15 años hipersensible y extremadamente lúcido que analiza, a la vez que imagina, los comportamientos de su familia, sus compañeros de instituto o las sensaciones de una edad ingrata y en plena transformación. En la mayoría de los casos, los guionistas de este tipo de historias tienden a subrayar ciertos aspectos de la personalidad del personaje principal, ya sea hacia lo positivo o lo negativo de su carácter. En este caso, lo que encandila de Oliver es que puede ser tan ingenuo como iluminado en sus reflexiones y tan amable como despreciable en sus comportamientos.

Su “medio” novia (y, por si fuera poco, primer amor) es un personaje hiperbólico a la altura del protagonista y sus padres, con la genial Sally Hawkins de Made in Dagenham, confirman la sabiduría del refrán “de tal palo, tal astilla”.

El film contiene además un importantísimo ingrediente que capta la simpatía del espectador. La tendencia actual del cien invisible es la crisis, la enfermedad o la pérdida de los seres queridos, o literalmente, el fin del universo, por ello la aparición en pantalla de una comedia es un hecho tan inhabitual que de inmediato acapara la atención.

Confirmando el buen momento de la comedia negra británica, Richard Ayoade consigue una primera obra surrealista, con grandes momentos de humor, personajes delirantes (el gurú new age, antiguo novio de la madre del protagonista, que no aparecía en el novela, es sencillamente demoledor), una estética, a veces, psicodélica que le va de maravilla a la historia principal y una elaborada y excelente banda sonora que transforma ciertas escenas en secuencias de video clip pero también ilumina verdaderos instantes de puro cine de este Harry Potter contra la vida misma (1ª y última parte).

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