Hasta la vista, Bélgica 2011


El argumento de esta película, a primera vista, parece salir directamente de la mente calenturienta del director más taquillero e inteligente del cine español: el road movie de una pandilla de veinteañeros, un paralítico, un parapléjico y un ciego, a través de media Europa, con destino a un prostíbulo de Punta del Mar, con el fin de perder su virginidad. Sin embargo nada más alejado de la realidad, el film es belga, lo que implica un particular sentido de humor y no sólo es absolutamente maravilloso sino que además es tierno, divertido y respetuoso.

Lógicamente con estas características es imposible pasar desapercibido por los festivales internacionales, y en cada encuentro arrasa con los galardones por su valentía al abordar un tema tan delicado y su excelente resultado. Los jurados de Montreal a Valladolid, donde se llevó la Espiga de Oro de la última edición de la Seminci, no se han equivocado al premiar una comedia tan sabrosa e inesperada.

Geoffrey Enthoven, el director acostumbrado a escoger temas casi invisibles en el cine, de hecho uno de sus anteriores trabajo se centró en un grupo de música de rhythm and blues integrado por unos abueletes enfermos de Alzheimer (la verdad es que valor no le falta al cineasta), posee el don de no caer en la condescendencia y mostrar la verdadera naturaleza de sus personajes, independientemente de sus problemas de salud. Por eso los tres protagonistas son tan cercanos al público, idénticos a cada uno de los espectadores, con sus deseos, sus frustraciones, sus anhelos, con unas inmensas ganas de vivir y el valor de enfrentarse a cualquier adversidad.

Este road movie habla más sobre la amistad y la vida que cualquier otra película que haya visto últimamente. La posibilidad de tener un hombro en quien apoyarse, un oído en el que derramar las angustias más profundas de nuestro corazón y unos ojos ajenos que puedan ver por nosotros más allá de la niebla existencial que, un día u otro, acabará por cegar nuestro camino, se ha mostrado muy pocas veces tan clara y lúcidamente en la gran pantalla.

Pero la otra calidad que hace de esta película un excelente momento, cada vez más rara en el cine, es la sencillez y la humanidad con la que estas imágenes acompañan aquellas ideas. Alejada del dramón, el film se encadena a un conseguido tono de comedia, risas y emociones en cada fotograma, un público que se divierte y que desearía que la película durase media hora más.

Nadie puede disociar “Hasta la vista, baby” de Arnold Schwarzenegger en la segunda parte de Terminator (1991) pero los verdaderos héroes son los protagonistas de este film que podrán, cuando les llegue el momento, despedirse de ésta sin remordimientos y además habrán aprendido por el camino lo realmente importante y que, por muy oculto e inexplicable que parezca, todo tiene un sentido… hasta la vida.

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